Salmistas adorando en el templo

Explicación del Salmo 42

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El salmo 42 es una oración que expresa el anhelo profundo del salmista por la presencia de Dios. El salmista se siente alejado de Dios, de su pueblo y de su culto, y sufre la persecución y el escarnio de sus enemigos. Su alma está sedienta, abatida y turbada, y busca consuelo en el recuerdo de las experiencias pasadas de comunión con Dios.

Sin embargo, el salmista no se deja vencer por el desaliento, sino que se aferra a la esperanza de que Dios lo volverá a acoger y a restaurar. El salmista se habla a sí mismo, se pregunta por qué está triste, y se exhorta a confiar en Dios, a quien alaba como su salvación y su Dios. El salmista reconoce que Dios es la fuente de su vida, de su misericordia y de su cántico, y le pide que le muestre su rostro y su favor.

El salmo 42 forma parte de los llamados salmos penitenciales, que expresan el arrepentimiento y la confesión del pecado ante Dios. También se relaciona con el Salmo 43, que tiene el mismo estribillo y continúa el mismo tema. Algunos manuscritos hebreos consideran que ambos salmos eran originalmente uno solo.

En este artículo, vamos a explorar el Salmo 42 verso por verso, para entender su significado y su aplicación para nuestra vida. Vamos a ver cómo podemos expresar nuestro deseo de Dios, cómo podemos superar nuestra tristeza y nuestra angustia, y cómo podemos alabar a Dios por su fidelidad y su amor.

Versículo 1 al 3

El siervo que brama Salmo 42

El salmo empieza con la imagen de un ciervo que brama por las aguas. La idea que transmite es la de un grito ronco y fuerte por algo que desea, en este caos, por las aguas. No obstante, los ciervos pueden hacerlo también por algún otro deseo intenso, como cuando entra en época de apareamiento.

Las traducciones son diferentes, la NVI dice jadeante, mientras que la LBLA asume anhela, mientras que la NTV dice igual que anhela. La idea aquí es la del ciervo que busca aguas intensamente en tiempos de sequedad, de modo que no piensa ni busca otra cosa que las aguas que tanto necesita. Así pues, el alma del salmista, busca a Dios de la misma manera que un ciervo sediento (ver expresiones semejantes en: Sal. 63:1-2; 84:2; 143:6-7; Is. 26:8-9).

El versículo 2 afirma lo obvio: tengo sed de Dios, del Dios de la vida. La afirmación es una declaración de necesidad, pero luego surge la pregunta ¿Cuándo podré presentarme delante de Él? Es decir, ¿Cuándo podré acercarme ante Dios y saciar mi sed? Lo que muestra que este texto es una declaración de necesidad que no puede ser satisfecha.

El versículo 3 completa la imagen: el salmista está en una terrible tristeza, sus lágrimas son su alimento cada día, pero además también le echan en cara ¿Dónde está tu Dios? Ciertamente, la crítica de los enemigos del salmista, de sus injuriadores, manifiestan algo que parecería ser reconocido hasta por el mismo, ya que él busca a Dios, tiene sed de él, pero Dios no está con él y no puede acercarse a él.

Pero la pregunta de sus injuriadores es burlona, hace caer aún más dolor sobre su condición.

Versículo 4

El salmista mira hacia el pasado. Mira con un tanto de nostalgia las glorias pasadas, recuerda lo que el mismo era y el beneficio que traía hacia el pueblo de Israel. Recuerda las épocas de fiesta en épocas de tristeza. La idea es que él podía ir con libertad y gozo, acompañado de sus hermanos, a la casa del Señor. Pero en esta ocasión se siente lejos de Dios, con sed de Dios, no tiene amigos, solamente enemigos que se burlan de él.

La expresión “me deshago en llanto” expresa una idea bastante intensa, idea que la NTV se propone a traducir como “se me destroza el corazón”. La idea es intensa, indiferentemente de la traducción. La tristeza ¿De donde viene entonces? Parece ser que extraña aquellas experiencias, necesita volver al templo, necesita nuevamente unirse a la multitud para con alegría adorar a Dios y alabarle por su gracia.

Versículo 5

Este versículo hace una pregunta de carácter más reflexivo ¿Por qué estoy triste? Parece indicar varias razones de estas: lejos del pueblo de Dios, lejos de Dios, afligido por sus enemigos, el salmista reconoce que está bajo las olas de Dios (v. 7), se encuentra de luto y oprimido por su enemigo (v. 9), en agonía (v. 10), etc. La idea es la del desánimo, la tristeza, la aflicción, la exaltación de sus enemigos mientras él es humillado, al mismo tiempo considera que este estado está relacionado en que Dios lo ha olvidado y que está fuera de su presencia. Lo mismo se ve en 43:5; 55:4-5; 61:2 comparar  con Mar. 14:33-34.

Ante esta pregunta, la respuesta está en que en Dios pondrá su esperanza y lo ha de alabar.

Confiar en Dios significa dos cosas fundamentales: primero, aceptar que la situación actual no cambiará de inmediato ni en el corto plazo; la transformación vendrá con el tiempo, en el momento que Dios determine. Segundo, esa confianza renovará nuestras fuerzas y nos dará aliento (Salmos 27:13-14; 71:14).

Además, se trata de alabar a Dios incluso en medio de la adversidad. David declara con convicción que Dios es su salvador y su Dios, aunque las circunstancias no reflejen gozo. Su tristeza no niega su fe; más bien, su esperanza y adoración están cimentadas en la verdad de quién es Dios, una verdad más poderosa que cualquier tristeza o desánimo.

El salmista veía a Dios como su mayor tesoro, y su corazón estaba firmemente anclado en Él. Esa ancla espiritual le permitía atravesar tormentas sin naufragar. El alma, cuando está bajo la gracia, no encuentra plena satisfacción ni siquiera en los lugares santos si no se encuentra con Dios mismo allí. Las almas verdaderamente vivas no pueden hallar descanso en otro lugar que no sea en el Dios viviente. Para el creyente, estar en la presencia del Señor es su mayor anhelo; para el hipócrita, es motivo de temor.

No hay nada que duela más al alma creyente que perder la confianza en Dios. Lo que más entristecía a David no era el lujo del palacio, sino haber perdido el acceso libre a la casa de Dios, el lugar donde más disfrutaba estar.

Quienes reflexionan constantemente en su interior también deben estar listos para corregirse a sí mismos. Aquí está el remedio contra la tristeza espiritual: si el alma se encierra en sí misma, se hunde; pero si se aferra con fe a la promesa y el poder de Dios, se mantiene firme por encima de las olas más fuertes. En medio de los lamentos del presente, solo encontramos consuelo verdadero en Él. Hay muchas razones para lamentar nuestro pecado, pero la desesperanza viene de la incredulidad y del rechazo voluntario a someterse. Por eso, debemos luchar en oración contra ella y no rendirnos.

Hasta este punto vemos como se pasea la mirada del Salmista, primera mira sus circunstancias actuales, luego mira las favorables del pasado, pero es solo viendo a Dios que encuentra refugio, esperanza y un motivo de alabanza.

Versículos 6 al 7

El salmista reconoce su condición, pero desde un punto de vista en su relación con Dios. En el versículo 6 habla y se expresa, reconoce su condición, pero esta no es una conversación con un hombre, ni siquiera consigo mismo, esto es realmente una oración. Le dice a Dios como se siente “angustiado” y es precisamente por esta razón que piensa en Él desde la tierra del jordán, desde las alturas del Hermón y desde el monte Mizar. Parece ser que el Salmista iba de un lugar a otro, y en cada ocasión tenía a Dios presente.

El monte de Hebron Salmo 42

Posiblemente tomando las figuras de la geografía de estos sitios, señala que sus olas caen sobre él desde un punto a otro. Es decir, que el moverse no lo ayuda en absoluto en cuanto a su tristeza, sino que más bien pareciera que la aflicción lo persigue a donde quiera que va (ver Sal. 88:1-3; 77:6-11; 69:14-15).

Versículos 8 al 10

La respuesta es la oración: pero, no cualquier oración, la oración va dirigida a que Dios mande su amor, que Dios otorgue al cristiano su canto. La idea es que la respuesta, bien sabe, no viene de sí mismo ni de algo en su entorno, viene de Dios, es SU amor, es SU canto.

Pero ¿Quién es este Dios? ¡El Dios de MI vida!

Pero en su oración no solamente se encuentra una petición, sino también una interrogante, eso es lo que aparece en el versículo 9 ¿Por qué me has olvidado? (43:2; 13:1; 22:1-2; 44:23-24; 77:9) ¿Por qué tengo que estar de luto y afligido por el enemigo? (55:3).

La agonía, el dolor, y la penuria, tocaba el alma del salmista ante la burla de sus enemigos. Mientras que, durante ese tiempo de burla, preguntan constantemente ¿Dónde está tu Dios? Como vemos, hay dos factores aquí: la idea de la presencia de Dios en estas circunstancias, como también la burla referente a ella de parte de sus adversarios (Joe. 2:17; Mic. 7:10).

Versículo 11

Nuevamente, el salmista vuelve a preguntarse ¿Cuál es la razón que tengo para angustiarme y afligirme? ¿Qué razón tengo para desbaratarme ante estas pruebas? (cp. v. 5). Es exactamente el mismo texto, lo único que cambia es el contexto el que ocurre.

En el primer estribillo encontramos la declaración de la sed del salmista (v. 1), la reflexión de presentarse delante de su Dios (v. 2), y el reconocimiento de su aflicción causada por sus adversarios (v. 3). Y el recuerdo de los tiempos de antaño, cuando el iba en fiesta hacia la casa de Dios. Esta sección (vv. 1-4) parece ser más deprimente, mientras que luego de la declaración del versículo 5 se repone en esperanza. En la segunda sección (vv. 6-10), encontramos una lucha entre las declaraciones de tristeza y las declaraciones de esperanza, cerrando con la misma declaración, pero ahora a una firme en lo que ha de hacer ¡Alabarle y poner su esperanza en Dios!

¿Quien escribió el Salmo 42 y por qué?

El autor del salmo es atribuido a los hijos de Coré, quienes desempeñaban un papel importante en la música y el canto dentro del templo (2 Crónicas 20:19). Estos levitas eran responsables de dirigir la adoración en el santuario y componer cánticos espirituales para el pueblo de Dios. Aunque no se menciona un autor individual, la expresión artística y espiritual del salmo refleja el corazón de un adorador profundamente conectado con la presencia de Dios.

Este salmo fue escrito en un contexto de profunda aflicción espiritual. El salmista expresa un anhelo intenso por la comunión con Dios, probablemente desde una situación de exilio o separación del templo. Sentía que estaba lejos de la casa de Dios, lo que provocaba una profunda tristeza y sequedad espiritual. Por eso dice: «Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía» (Salmo 42:1). Este lamento revela el dolor de no poder adorar con la comunidad del pueblo de Dios como lo hacía antes.

La razón del salmo, entonces, es doble: una expresión de sufrimiento por la ausencia de la presencia visible de Dios en el templo, y una afirmación de esperanza en que Dios restaurará su comunión y levantará el alma del creyente. Es una oración honesta desde el quebranto, pero también un llamado a confiar en el Dios que salva.

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