Este es un salmo que al parecer tiene relación con la llegada al templo, lo cual buscaba examinar la santidad necesaria para poder presentarse ante la presencia de Dios descrita en el templo y el santo monte. El salmo se concentra en los rasgos éticos necesarios para entrar en la presencia de Dios.
Este salmo en su forma de describir el carácter del justo, en expresiones negativas y positivas, nos recuerda el contraste y la forma de comunicación del salmo 1. Sin duda este salmo esta bañado de muchas características de los salmos sapienciales (cp. Sal. 1; 19; 37; 119). El salmo muestra una perspectiva de la integridad necesaria para llegar al monte Sion.
Posiblemente este salmo era una instrucción a los fieles para entrar al templo del Señor, explicando así los requisitos morales para participar de la adoración de forma digna (cp. Sal. 24:3-6; Isa. 33:14-16).
Versículo 1
La estructura muestra una conversación con Dios[1], la pregunta de este versículo es del sacerdote en oración a Dios, en plena representación del pueblo congregado. En los próximos versículos se sobre entiende lógicamente que quien responde es Dios. Por lo cual la respuesta encuentra tiene un profundo peso. No obstante, no se puede entender las respuestas sin las dos preguntas:
¿Quién, SEÑOR, puede habitar en tu santuario?
El nombre personal de Dios está presente, invocando solemnemente al Dios revelado en el éxodo, el Dios de Israel. Por lo visto el salmo fue escrito antes de que se estableciera el templo, y según su titulo es un salmo de David. El tabernáculo en este sentido, era una tienda de acampar que cumplía la función del templo para la adoración y los sacrificios. Dios estableció su tabernáculo cuando saco a Israel de Egipto.
El habitar que se describe en esta pregunta viene de un verbo que significa morar como un transeúnte o peregrino, básicamente se trataba de un viaje para establecerse por cierto tiempo allí, en este caso en el tabernáculo. Posiblemente el salmo fuese escrito para aquellos que peregrinaban para luego ser recibidos en el templo.
La traducción del Peregrino traduce “¿Quién puede hospedarse en tu tienda?” y manifiesta esta misma traducción literal. No obstante creo que lo que se transmite aquí es llegar al tabernáculo para adorar, no existe evidencia de que los peregrinos se hospedaran dentro del tabernáculo. En el desierto las tribus se organizaban alrededor del tabernáculo, empezando por los levitas y siguiendo por las tribus restantes, lo único que habitaba dentro del templo eran los objetos santificados.
El punto de relevancia se encuentra en el hecho de que el templo era un lugar de santidad donde moraba la presencia de Dios, no cualquiera podría entrar allí, era como entrar a otra dimensión en la cual era requerido ciertos requisitos. No era apto para cualquiera que viviera una vida descuidada y afectada por el pecado, era necesaria la santidad (este mismo hecho aplica a 1b).
¿Quién puede vivir en tu santo monte?
La pregunta básicamente contiene la misma idea de la primera, solamente que la diferencia se encuentra en el lugar. ¿Qué es el santo monte? Aquí implica que es Jerusalén (cp. Sal. 43:3; 68:16; 99:9; Ez. 34:6; Isa. 10:32), y confirma el hecho de la centralidad de la actividad de la correcta adoración en el creyente.
Al parecer en la cosmovisión semítica de la época los montes estaban relacionados con los dioses y se pensaba que estaban en mayor cercanía con Dios en el cielo. Sin duda en la historia de la salvación Dios escogió los montes para manifestar su poder a su pueblo, esto sin duda venia a la memoria cuando los Israelitas veían el monte santo de Dios.
En ocasiones este monte santo puede relacionarse con la morada celestial de Dios (Sal. 2:6; 3:4; 43:3-4; 87:1-3) y su perspectiva novotestamentaria se encuentra con esta inclinación (cp. Heb. 12:22; Ap. 14:1). Aquí puede entenderse mas como la morada final de los justos, en la cual Dios los abraza en la eternal gloria. Lo que demuestra que este tabernáculo simplemente era un telón que ocultaba una realidad mucho más profunda en Cristo Jesús.
Versículo 2
Aquí el texto de una respuesta a lo dicho en los versículos 1, así vemos la respuesta:
El que anda en integridad y obra justicia:
El termino integro viene de una palabra hebrea que significa completo, de aquí que se traduzca correctamente como integridad. Se refiere de forma particular al andar del hombre, es un andar caracterizado por estar completo. Y se refiere con aquellos que cumplen perfectamente con todos los requisitos de la Ley (Deu. 18:13; Sal. 18:23), tal cual como debía ser el sacrificio (Lev. 22:18-21), esto sin duda apunta a que nadie está listo para entrar en el santuario de Dios ni en su monte santo. Solamente Cristo puede darnos esa oportunidad.
Que practica la justicia de corazón y de corazón dice la verdad:
Aquí muestra el corazón de aquel que puede entrar en la presencia de Dios, su corazón vive practicando la justicia, no es simplemente un acto externo de obediencia, es una en la cual todo obedece al Dios y Rey. Así mismo dice la verdad, no miente, contiene una sinceridad de corazón.
Este factor es incluido en el debido cumplimiento de los estándares de la Ley (cp. Sal. 34:12-13; Zac. 8:16-17; Ef. 4:25; Col. 3:9). El hombre en última instancia habla lo que tiene en su corazón, por lo cual es de esperarse que aquel que sea verdaderamente integro, hable la verdad en su corazón (Luc. 6:45).
Versículo 3
En esta ocasión se utiliza una terminología negativa, tanto para abarcar la conducta que evita como aquella en la cual voluntariamente vive. Esto recuerda el lenguaje sapiencial, y nos muestra nuevamente que es una instrucción para aquellos que desean entrar al templo y llegar al templo santo de Dios.
Este hombre que está preparado para acercarse al templo de Dios, muestra su amor hacía su prójimo. En primer lugar no calumnia o no habla chismes en contra de su prójimo, esto implica hablar mal, destruir o malograr la reputación del prójimo a sus espaldas. Dios aborrece la calumnia, por lo cual es de esperarse que no los acepte en su presencia (Sal. 101:5-8; Lev. 19:6; Stg. 4:11; 1 Pe. 2:1-2).
Es de esperarse que sus actos también sean consecuentes con sus palabras, de esta manera el que entra en la presencia de Dios no tan solamente ama a su prójimo con palabras sino también con acciones. Aquí vemos esta segunda característica, este no hace mal a su prójimo de ninguna forma. Dice la NVI “[…] no le hace mal a su prójimo ni le acarrea desgracias a su vecino”, la NTV “[…] ni le hacen daño a su vecino, ni hablan mal de sus amigos”, básicamente el hombre justo viene a ser una fuente de bendición para su prójimo y no una maldición.
Versículo 4
Este versículo muestra la forma como este se relaciona con las personas, esto debe entenderse de forma correcta, puesto que se puede considerar de una manera inadecuada. Generalmente los Israelitas tipificaban los pecados en las personas, de manera que el malvado era una tipificación de la maldad, principalmente esto es lo que debemos poner en vista, más que en el desprecio de los malvados, además que esto tenía una relación directa con las relaciones íntimas.
Desprecia al que Dios reprueba:
Esto muestra que se une a Dios en su percepción y juicio en contra de los impíos. Literalmente el texto dice que ante sus ojos es despreciable, y consecuentemente ha sido rechazado ¿Esto no podría ser una justificación para los fariseos de la época de Jesús? Cabe destacar la traducción de “perverso”, es decir alguien que está absolutamente entregado al pecado. Precisamente que desprecia tal persona es que desea rescatarlo de su estado deplorable. Cuando Jesús comía con prostitutas y publicanos lo hacía porque ellos tenían necesidad de medico.
Honra al que teme al Señor:
Mientras que desprecia al perverso, el da honra a aquellos que viven bajo el temor del Señor. Mientras que los que viven en sus pecados son despreciados, el admira a aquellos que se conducen en todo tiempo bajo el temor del Señor. Los honra como Dios mismo ha ordenado en las Escrituras. Mientras que ante los ojos el malvado es visto con desprecio, al ver la santidad, la piedad y la fidelidad a Dios encuentran placer, y por esa razón les honra.
Es por esta razón que el justo aquí descrito en realidad contiene en su corazón un profundo deseo de ver a Dios en la vida de los hombres, lo que aborrece es la ausencia de Cristo en los malvados y lo que ama es la presencia de Cristo en los hombres. Desea ver el resplandor de la gloria de Dios en la imagen de Dios en los hombres.
Que cumple lo prometido, aunque salga perjudicado:
Su integridad va primero que su comodidad, su Dios esta primero que él. Prefiere morir antes que negar la verdad, y cumple lo que promete aunque eso lo perjudique. Esto muestra el nivel de compromiso que tiene con la integridad, muestra lo decidido que está en mantenerse fiel a los mandamientos de Dios (Mt. 5:33-37; Jos. 9:18-20).
Una de las tantas pruebas a los justos es ver hasta qué punto llega su integridad, ¿Puede alabar a Dios en la tormenta? ¿Mantenerse fiel en la tentación? ¿Cumplir con lo prometido cuando va a ser perjudicado por ello? La integridad del justo llega hasta este punto máximo, donde se requiere de un fuerte compromiso con los principios cristianos, hasta tal punto que ha entregado su vida a aquello que cree justo. Principalmente por amor al Dios que esta entronado en su santo monte.
Versículo 5
Este último versículo se encuentra dividido en dos partes, la parte 5a nos demuestra otra de las cualidades del justo y la parte 5b nos da una última declaración que responde la pregunta y abarca todas las características del justo.
Ahora vemos uno de los ídolos más frecuentes en los hombres, que es el dinero. Muestra la integridad del justo ante su propio dinero y el que podría ganar. En primer lugar el justo presta dinero sin ánimos de lucro, en Israel los prestamos se daban a aquellos que tenían necesidad, generalmente aquellas personas que se les prestaba dinero eran personas pobres o que estaban pasando por una dificultad económica. De forma que el prestar dinero era una manera de ayudar al necesitado (cp. Ex. 20:25; Lev. 25:35-37; Deu. 23:19-20; Neh. 5:2-13; Ez. 18:17).
El mismo Señor amplio este principio al enseñar que debemos prestar dinero sin esperar recibir nada a cambio (ver Luc. 6:34-35), esto pues es una manera de amar a nuestro prójimo muriendo al ídolo del dinero. El justo e integro nos muestra que ama a su prójimo al ayudarlo con sus propios bienes, y no desea adquirir con eso algún bien adicional, el mismo acto es para él un bien en sí mismo, si de alguien espera una recompensa es de Dios, pues sabe que Dios recompensa a los que obran con justicia (Pr. 19:17).
En segundo lugar no puede ser corrompido para dar falso testimonio en contra de su prójimo, los testigos falsos pueden ayudar a sacar de un aprieto a alguien que haya cometido un crimen y venderse al igual que Judas para condenar a un inocente. Este chantaje no puede lograr nada con el integro, su interés, como vemos, no es la ganancia personal, sino la integridad delante de la presencia de Dios (cp. Ex. 23:7-8; Deu. 16:19).
De forma concisa vemos la actitud que mantiene el hombre integro ante las riquezas, básicamente no son lo que mueve su corazón, su deseo es agradar a Dios y mantenerse firme ante las adversidades. Su más grande y maravillosa riqueza no es la comodidad, ni los lujos ni tampoco el bienestar, sino la fidelidad a Dios (Ap. 2:10-11).
Declaración final:
Dice la NVI “El que así actúa no caerá jamás” (v. 5b), aquí vemos que hay cierto énfasis en la conducta del integro, pero esta conducta no es simplemente considerada en términos meramente visibles, el integro está siendo puesto ante el tabernáculo y el monte santo de Dios (v.1) así que es normal conforme al pensamiento semita que se incluya el corazón dentro de esta manera particular de conducta.
La declaración como tal muestra que las personas que viven de esta forma no caerán jamás (véase Sal. 106:3; Pr. 12:3; Ez. 18:27; Stg. 1:22-25; 2 Pe. 1:10-11), de manera que verdaderamente están firmes y se mantienen fieles al Señor. Esto muestra, no que no puedan pecar, puesto que todos estamos en una condición caída, sino que el integro vive una vida de caminar firme. Esto muestra el blanco de la correcta madurez cristiana, los niños se caen con bastante frecuencia, y a veces pensando ser maduros echan a correr destinados a rasparse las rodillas, pero el que ha alcanzado madures no cae, se mantiene firme en cada paso que da.
Así pues tenemos las características del hombre integro:
- Integridad.
- Ama a su prójimo con sus palabras.
- Ama a su prójimo con sus hechos.
- Apoya lo que Dios apoya, y aborrece lo que Dios aborrece.
- Cumple siempre su palabra.
- Tiene una correcta actitud ante el dinero.
Perspectiva Novotestamentaria
Podríamos decir que el tema de este salmo es básicamente sobre los requisitos para entrar a la presencia de Dios, y consecuentemente establecer una relación con Él. Pero ¿Quién verdaderamente puede cumplir con el estándar de la Ley? Como vemos no podemos hacerlo, por lo menos no conforme al estándar de la Biblia.
Aquí es donde entra la solución a nuestro problema, Cristo es nuestro puente para llegar al padre. Nadie puede, a través de sus propias obras, erigir un puente en dirección a Dios, es necesaria la integridad perfecta de Cristo. Es de suma importancia que nos vistamos con sus ropas para poder entrar ante su presencia.
No obstante, esto no es tan solamente en relación a la presencia de Dios, como icono de nuestra relación personal con Él, ganada por la justicia y sacrificio de Cristo. Sino también en relación a su monte santo, esto es, el cielo; la realidad espiritual a la que nos acercamos es sublime, eterna y fascinante, de esta forma, debemos limpiarnos a nosotros mismos esperando contemplar un día los rayos puros de la gloria de Dios.
[1] El hecho de que el nombre propio de Dios se encuentre en vocativo (LXX), frecuente en las oraciones de los salmos, confirma esta posición.