El Libro de Jeremías es una extensa recopilación de las profecías y escritos del profeta Jeremías, quien vivió durante el período de la caída de Jerusalén y el exilio de Judá en Babilonia. El libro contiene advertencias sobre el inminente juicio de Dios debido a la idolatría y la rebelión del pueblo, así como mensajes de esperanza sobre la restauración futura de Israel. A continuación, se presenta un resumen capítulo a capítulo.
Capítulo 1
Jeremías relata su llamado por Dios para ser profeta. Dios lo escogió desde antes de su nacimiento y lo consagra para proclamar Su palabra. Jeremías, sintiéndose incapaz por su juventud, es alentado por Dios, quien promete estar con él y darle las palabras adecuadas. El Señor le muestra dos visiones: una vara de almendro (símbolo de que Dios está vigilante) y una olla hirviendo (símbolo del juicio que vendrá desde el norte). Jeremías es llamado a predicar sobre la destrucción venidera de Judá por su idolatría.
Capítulo 2
Dios acusa a Israel de infidelidad. Aunque Dios los había rescatado y cuidado, el pueblo de Israel se ha alejado, adorando ídolos y violando Su pacto. Jeremías condena a los israelitas por abandonar a Dios, la «fuente de aguas vivas», para cavar cisternas rotas (ídolos) que no pueden contener agua. Se menciona la corrupción de los líderes espirituales y la necedad de Israel al depender de otras naciones en lugar de confiar en Dios.
Capítulo 3
Jeremías usa la metáfora del matrimonio para describir la relación entre Dios e Israel, destacando la traición de Israel al seguir a otros dioses. Dios llama al pueblo a arrepentirse y promete misericordia a aquellos que vuelvan a Él de todo corazón. Aunque Judá ha visto el castigo de Israel (el reino del norte), no ha aprendido la lección y también sigue en adulterio espiritual. Dios promete restauración si el pueblo se arrepiente y lo busca sinceramente.
Capítulo 4
Jeremías anuncia el juicio inminente sobre Judá debido a su pecado. El pueblo debe volverse a Dios y apartarse de sus ídolos. Se describe una invasión que vendrá desde el norte (Babilonia), trayendo destrucción y desolación. El dolor del profeta por la dureza de corazón del pueblo es evidente, y él expresa su angustia por la inminente calamidad. Dios llama a Su pueblo a arrepentirse para evitar la destrucción.
Capítulo 5
Dios acusa al pueblo de Jerusalén de corrupción generalizada. Nadie, ni siquiera entre los líderes, practica la justicia. Jeremías lamenta que aunque Dios ha castigado al pueblo para corregirlo, ellos se han negado a escuchar. Se menciona la opresión de los pobres y la falsedad de los profetas. Como resultado, Dios permitirá que una nación extranjera invada y destruya a Judá, aunque no lo aniquilará completamente.
Capítulo 6
Jeremías advierte a Jerusalén sobre la inminente invasión. Describe cómo las fuerzas invasoras de Babilonia están cerca, listas para atacar. El profeta insta al pueblo a arrepentirse, pero ellos desoyen las advertencias. Se destaca la necedad del pueblo al rechazar las palabras de Dios y confiar en falsas seguridades. La devastación será completa, y las riquezas de la ciudad serán saqueadas. Sin embargo, el pueblo sigue obstinado en su pecado.
Capítulo 7
En este capítulo, conocido como el Sermón del Templo, Jeremías se pone en la puerta del templo y denuncia la falsa confianza del pueblo en que el templo de Dios los protegerá. El pueblo cree que mientras sigan ofreciendo sacrificios, Dios no los castigará, a pesar de su pecado. Jeremías les recuerda que Dios destruyó el tabernáculo en Silo por el pecado de Israel y hará lo mismo con Jerusalén si no se arrepienten. También denuncia la idolatría, la injusticia social y el sacrificio de niños.
Capítulo 8
Jeremías expresa su lamento por la necedad del pueblo, que continúa en su pecado a pesar de las advertencias. Se compara la terquedad de Judá con la sabiduría de los animales que conocen las estaciones, pero el pueblo de Dios no conoce el juicio. Se menciona cómo los líderes religiosos y los profetas engañan al pueblo con mensajes de paz cuando no hay paz. Jeremías está desconsolado por el inminente juicio y la inevitable destrucción de Judá.
Capítulo 9
Jeremías continúa lamentando la condición de Judá. Describe la falsedad, la maldad y la traición que prevalecen en la sociedad. Nadie puede confiar en su prójimo, y la justicia ha desaparecido. Dios advierte que castigará a Judá por su rebelión, y el profeta expresa su tristeza por la desolación que se avecina. Dios exhorta al pueblo a no gloriarse en la sabiduría, la fuerza o las riquezas, sino en conocer al Señor y practicar la justicia.
Capítulo 10
Jeremías contrasta la impotencia de los ídolos con la grandeza de Dios. Los ídolos son hechos por manos humanas, no pueden hablar ni caminar, y no tienen poder alguno. En contraste, Dios es el Creador del universo y el único digno de adoración. El capítulo termina con una oración de Jeremías pidiendo a Dios que castigue a las naciones paganas que han atacado a Israel, mientras ruega por misericordia para el pueblo de Dios.
Capítulo 11
Dios ordena a Jeremías que proclame las palabras del pacto que hizo con Israel en tiempos de Moisés. Sin embargo, el pueblo ha quebrantado ese pacto al seguir a otros dioses. Como resultado, Dios enviará calamidades sobre ellos. Jeremías también enfrenta la persecución de sus propios compatriotas, ya que la gente de Anatot, su ciudad natal, conspira para matarlo debido a sus mensajes proféticos. Dios promete proteger a Jeremías y castigar a los conspiradores.
Capítulo 12
Jeremías cuestiona a Dios sobre por qué los malvados prosperan mientras los justos sufren. Dios responde asegurándole que habrá un juicio para los impíos y que la paciencia de Dios no debe interpretarse como aprobación de la maldad. Dios también advierte a las naciones vecinas de Judá que serán castigadas por su maldad, pero aquellos que aprendan los caminos de Dios serán restaurados junto con Su pueblo.
Capítulo 13
Dios le ordena a Jeremías que realice un acto simbólico: comprar un cinturón de lino, usarlo y luego esconderlo junto a un río. Cuando lo recupera, está arruinado, lo que simboliza cómo Judá y Jerusalén se han arruinado por su pecado. Dios advierte que el orgullo de Judá los llevará a la destrucción. Se menciona la embriaguez y la corrupción de los líderes, quienes han guiado a la nación al desastre. El capítulo concluye con un llamado al arrepentimiento.
Capítulo 14
Judá enfrenta una sequía severa, y el pueblo clama a Dios, pero Él no los escucha debido a su pecado. Jeremías intercede por ellos, pero Dios le responde que no perdonará a Judá esta vez. Los falsos profetas han engañado al pueblo, prometiendo paz y prosperidad, pero el juicio está en camino. Dios promete castigar a los falsos profetas y al pueblo por su idolatría. Jeremías lamenta profundamente la devastación venidera.
Capítulo 15
Dios le dice a Jeremías que, incluso si Moisés y Samuel intercedieran por Judá, no cambiaría Su decisión de castigar al pueblo. Dios describe el destino de aquellos que no se arrepienten: morirán por la espada, el hambre y el exilio. A pesar de su fidelidad, Jeremías expresa su frustración por el rechazo que enfrenta y su sufrimiento personal. Dios le asegura que lo protegerá y lo restaurará si sigue hablando Su palabra con fidelidad.
Capítulo 16
Dios prohíbe a Jeremías casarse o tener hijos, como una señal del juicio venidero. La muerte y el luto llenarán la tierra, y no habrá consuelo para los que sufran. A pesar del juicio, Dios promete que después de la destrucción y el exilio, restaurará a Su pueblo. Las naciones sabrán que el Señor es Dios y que Él ha traído a Su pueblo de regreso a la tierra que les prometió.
Capítulo 17
Jeremías describe cómo el pecado de Judá está grabado en sus corazones, y la consecuencia será la destrucción. Sin embargo, Dios también promete bendiciones para aquellos que confían en Él. El profeta compara al hombre que confía en el Señor con un árbol plantado junto a las aguas, mientras que el hombre que confía en sí mismo será como un arbusto en el desierto. Jeremías también exhorta al pueblo a guardar el sábado y obedecer la ley de Dios.
Capítulo 18
Dios envía a Jeremías a la casa del alfarero, donde observa cómo el alfarero rehace una vasija que se había estropeado. Este acto simboliza el poder de Dios para moldear a las naciones. Si una nación se arrepiente, Dios la restaurará; pero si sigue en su pecado, será destruida. A pesar de las advertencias, el pueblo sigue en su maldad. Los líderes conspiran contra Jeremías, pero él clama a Dios pidiendo justicia contra sus enemigos.
Capítulo 19
Dios ordena a Jeremías que compre una vasija de barro y la rompa delante de los ancianos y sacerdotes como símbolo de la destrucción inminente de Judá. El valle de Hinom, donde el pueblo ha sacrificado niños a dioses falsos, será llamado el «Valle de la Matanza». Dios advierte que la destrucción será tan completa que Jerusalén quedará en ruinas y nadie podrá vivir allí. La rotura de la vasija representa la total irremediabilidad del juicio venidero.
Capítulo 20
Jeremías es arrestado y golpeado por Pasur, un sacerdote, debido a sus profecías. Sin embargo, el profeta le advierte que será llevado cautivo a Babilonia y morirá allí. Jeremías expresa su desesperación personal, lamentando que sus profecías lo han hecho objeto de burla y sufrimiento. A pesar de su angustia, no puede dejar de proclamar la palabra de Dios, que es como un fuego ardiente en su corazón. El capítulo concluye con Jeremías alabando a Dios por Su justicia y clamando por la vindicación final.
Capítulo 21
Dios envía a Jeremías a responder al rey Sedequías, quien le había preguntado si el Señor los salvaría de la invasión babilónica. Jeremías le responde que no habrá liberación; en lugar de eso, Babilonia conquistará Jerusalén. El Señor peleará contra Su propio pueblo debido a su pecado, y aquellos que permanezcan en la ciudad morirán. Solo aquellos que se rindan a los babilonios vivirán. Jeremías también profetiza la caída de la casa real de David, advirtiendo que el juicio es inminente si no se arrepienten.
Capítulo 22
Jeremías da una serie de mensajes a los reyes de Judá, comenzando con un llamado a la justicia y el arrepentimiento. Si los reyes hacen justicia, el reino prosperará; si no, Jerusalén será destruida. El profeta condena a los reyes pasados por su opresión y corrupción. Se menciona al rey Joaquín, quien será llevado al exilio en Babilonia sin ningún honor. Dios promete que ningún descendiente de Joaquín se sentará en el trono de David debido a su maldad.
Capítulo 23
Jeremías denuncia a los falsos pastores que han guiado al pueblo a la idolatría y la destrucción. Dios promete que levantará un «Renuevo justo» del linaje de David, un rey que gobernará con justicia y rectitud, haciendo referencia al Mesías venidero. El Señor también condena a los falsos profetas que han engañado al pueblo con visiones falsas de paz, cuando en realidad el juicio es inevitable. Dios promete juicio sobre estos profetas corruptos.
Capítulo 24
Jeremías tiene una visión de dos cestas de higos: una con higos buenos y otra con higos malos. Los higos buenos representan a los exiliados de Judá que han sido llevados a Babilonia; Dios los cuidará y los traerá de regreso. Los higos malos representan a los que permanecen en Jerusalén y a los que han huido a Egipto; serán destruidos. Esta visión ilustra que aquellos que acepten el juicio de Dios y el exilio serán restaurados, mientras que los que resistan perecerán.
Capítulo 25
Dios, a través de Jeremías, recuerda que durante 23 años el profeta ha advertido al pueblo, pero ellos no han escuchado. Como resultado, Dios permitirá que Nabucodonosor, rey de Babilonia, destruya Jerusalén y que el pueblo sea llevado al exilio por 70 años. Después de ese tiempo, Dios castigará a Babilonia por su maldad. Jeremías también profetiza juicio sobre otras naciones, demostrando que el juicio de Dios no se limita a Israel, sino que se extiende a todo el mundo.
Capítulo 26
Jeremías predica en el templo, advirtiendo que si Judá no se arrepiente, el templo será destruido como lo fue el tabernáculo en Silo. Los sacerdotes y profetas falsos intentan matarlo por su mensaje, pero los príncipes y el pueblo intervienen para salvarlo. Algunos recuerdan cómo el profeta Miqueas había advertido algo similar en tiempos del rey Ezequías, y no lo mataron. Sin embargo, otro profeta, Urías, que también predicó contra Judá, fue asesinado por el rey Joacim. Jeremías es protegido por Ahicam, hijo de Safán.
Capítulo 27
Dios ordena a Jeremías hacer un yugo y ponérselo al cuello como una señal para Judá y las naciones vecinas. El mensaje es claro: todas las naciones deben someterse al yugo de Babilonia, pues Nabucodonosor ha sido establecido como rey por mandato de Dios. Los falsos profetas que predicen la caída de Babilonia están mintiendo, y aquellos que resistan a Babilonia serán destruidos. Jeremías insta al pueblo a aceptar el exilio como el plan de Dios para su restauración futura.
Capítulo 28
Un falso profeta llamado Hananías contradice a Jeremías, prediciendo que el yugo de Babilonia será roto en dos años y que los exiliados y los tesoros del templo regresarán. En respuesta, Jeremías afirma que, aunque preferiría que fuera verdad, la profecía de Hananías es falsa. Como señal de que Hananías está mintiendo, Jeremías predice que el falso profeta morirá ese mismo año. Hananías muere al final del año, confirmando la palabra de Jeremías.
Capítulo 29
Jeremías envía una carta a los exiliados en Babilonia, aconsejándoles que se establezcan, construyan casas, planten huertos y busquen la paz en la ciudad donde viven, pues estarán allí durante 70 años. Dios promete que, después de ese tiempo, los traerá de regreso a su tierra. Este capítulo contiene la famosa promesa: «Porque yo sé los planes que tengo para ustedes, planes de bienestar y no de calamidad, para darles un futuro y una esperanza». Jeremías advierte a los exiliados que no escuchen a los falsos profetas que predicen un regreso inmediato.
Capítulo 30
Dios promete restaurar a Israel y Judá en el futuro. Aunque ahora están experimentando angustia y castigo, el Señor los curará y los devolverá a su tierra. Dios destruirá a las naciones que los han oprimido, pero restaurará a Su pueblo. Este capítulo introduce la esperanza de una nueva era, cuando Dios establecerá un pacto eterno con Su pueblo y lo liberará de su cautiverio.
Capítulo 31
Dios habla de la restauración futura de Israel, prometiendo que los traerá de vuelta de las tierras de su exilio. El capítulo contiene la promesa de un nuevo pacto, en el cual la ley de Dios será escrita en los corazones del pueblo, y todos lo conocerán personalmente. Dios promete perdonar los pecados de Israel y nunca más recordar sus iniquidades. Este nuevo pacto es uno de los pasajes más importantes del libro, pues señala un cambio en la relación entre Dios e Israel.
Capítulo 32
Dios ordena a Jeremías que compre un campo en Anatot como un acto simbólico de la futura restauración de Judá. Aunque Jerusalén está sitiada y parece que todo está perdido, este acto demuestra la fe de Jeremías en la promesa de que el pueblo regresará y la tierra será restaurada. Después de comprar el campo, Jeremías ora a Dios, expresando su confianza en el poder del Señor, pero también cuestionando cómo será posible la restauración. Dios le asegura que nada es imposible para Él y que, a pesar de la destrucción, el pueblo será restaurado.
Capítulo 33
Dios reafirma Sus promesas de restauración para Jerusalén. Aunque ahora la ciudad está desolada, un día habrá nuevamente voces de gozo y alegría, y la ciudad será reconstruida. Dios también promete que el «Renuevo justo» de la casa de David gobernará con justicia y rectitud. Este capítulo refuerza la esperanza del regreso de los exiliados y la restauración del pacto con Israel y Judá. Dios asegura que Su pacto con David es tan seguro como el ciclo del día y la noche.
Capítulo 34
Jeremías proclama el juicio sobre el rey Sedequías, quien será entregado a los babilonios. Aunque no morirá en batalla, será llevado cautivo a Babilonia. Jeremías también reprende al pueblo por no liberar a sus esclavos hebreos, como habían prometido hacer en un pacto solemne. Aunque inicialmente lo hicieron, luego se arrepintieron y forzaron a los esclavos a regresar. Dios les advierte que, por haber roto este pacto, enfrentarán juicio y destrucción.
Capítulo 35
Jeremías utiliza a los recabitas como un ejemplo de obediencia. Los recabitas habían seguido fielmente las instrucciones de su antepasado Jonadab, absteniéndose de beber vino y viviendo en tiendas. Dios compara su obediencia con la desobediencia del pueblo de Judá, que ha ignorado las instrucciones del Señor. Por su fidelidad, los recabitas serán bendecidos, mientras que Judá enfrentará el juicio por su rebelión.
Capítulo 36
Dios ordena a Jeremías que escriba todas sus profecías en un rollo. Baruc, el escriba de Jeremías, escribe las palabras del profeta y las lee en el templo. Al enterarse, los príncipes de Judá llevan el rollo al rey Joacim, quien lo corta y lo quema en el fuego. A pesar de esto, Dios ordena a Jeremías que vuelva a escribir las mismas palabras en otro rollo y que agregue una advertencia de juicio contra Joacim por su rechazo a la palabra de Dios.
Capítulo 37
El rey Sedequías busca consejo de Jeremías, pero sigue sin escuchar sus advertencias. Cuando el ejército de Faraón avanza para ayudar a Jerusalén, los babilonios se retiran temporalmente, y el pueblo cree que están a salvo. Sin embargo, Jeremías les advierte que Babilonia volverá. Jeremías es arrestado bajo falsas acusaciones de intentar desertar a los babilonios. Es encarcelado y luego interrogado por el rey Sedequías, a quien nuevamente le advierte que Jerusalén será destruida.
Capítulo 38
Jeremías sigue profetizando la caída de Jerusalén, lo que enfurece a los líderes de Judá. Es arrojado a una cisterna llena de barro, donde habría muerto si no hubiera sido rescatado por un funcionario etíope llamado Ebed-melec. Jeremías es llevado de regreso a la prisión, y Sedequías le pide nuevamente consejo en secreto. Jeremías le insta a rendirse a Babilonia para salvar su vida y la ciudad, pero Sedequías sigue temeroso de sus propios príncipes.
Capítulo 39
El capítulo relata la caída de Jerusalén. Nabucodonosor y los babilonios rompen las murallas de la ciudad y la saquean. Sedequías intenta huir, pero es capturado, y sus hijos son asesinados delante de él antes de que le saquen los ojos. Jerusalén es quemada y destruida. Jeremías es liberado por los babilonios, que reconocen que había estado advirtiendo al pueblo de este destino. Ebed-melec, quien había salvado a Jeremías, también es recompensado por su fidelidad.
Capítulo 40
Nabuzaradán, el capitán de la guardia babilónica, deja a Jeremías libre y le permite quedarse en Judá. Guedalías es nombrado gobernador de los pocos que quedaron en Judá. Se insta a los que se escondieron a regresar y someterse al gobierno babilónico. Guedalías trata de mantener la paz, pero hay conspiraciones en su contra. Jeremías decide quedarse en Judá bajo la protección de Guedalías.
Capítulo 41
Ismael, uno de los capitanes del ejército de Judá, conspira y asesina a Guedalías, el gobernador babilónico. Ismael también mata a los judíos y babilonios que estaban con él en Mizpa. Luego toma cautivos al resto del pueblo, incluidas mujeres y niños, y se dirige hacia Amón. Johanán, otro de los capitanes, persigue a Ismael y logra rescatar a los cautivos, pero Ismael escapa. Johanán y el pueblo, temiendo la represalia de Babilonia por el asesinato de Guedalías, planean huir a Egipto.
Capítulo 42
Antes de huir a Egipto, Johanán y el pueblo piden a Jeremías que consulte a Dios sobre qué deben hacer. Jeremías ora y, después de diez días, recibe una respuesta de Dios: les ordena que se queden en Judá, prometiendo protección y bendiciones si obedecen. Sin embargo, advierte que si desobedecen y van a Egipto, serán perseguidos y morirán allí por la espada, el hambre y la peste. Jeremías insta al pueblo a confiar en el Señor y no temer a Babilonia.
Capítulo 43
A pesar de la advertencia de Dios a través de Jeremías, Johanán y el pueblo desobedecen y huyen a Egipto, llevándose a Jeremías y a Baruc con ellos. Al llegar a Egipto, Dios da otro mensaje a Jeremías, profetizando que Babilonia invadirá y conquistará Egipto. Dios anuncia que Nabucodonosor se apoderará de Egipto, y las ciudades serán destruidas. Las imágenes de los dioses egipcios serán destruidas, y los egipcios y judíos que buscaron refugio allí sufrirán el juicio de Dios.
Capítulo 44
Jeremías reprende a los judíos en Egipto por continuar adorando a la «Reina del Cielo» (una deidad pagana) a pesar del juicio que ya han enfrentado por su idolatría. Aunque Dios los castigó por su infidelidad, siguen rebelándose. Jeremías les advierte que el juicio de Dios continuará sobre ellos, y que todos los que se han refugiado en Egipto serán destruidos. Solo un pequeño remanente sobrevivirá. Sin embargo, el pueblo, en lugar de arrepentirse, insiste en seguir adorando a la Reina del Cielo, lo que sella su destino de destrucción.
Capítulo 45
Este breve capítulo es un mensaje para Baruc, el escriba de Jeremías, quien se sentía desanimado por la difícil tarea que enfrentaba al lado del profeta. Dios le asegura que, aunque el juicio es inevitable, protegerá su vida como un botín en medio de la destrucción. Baruc es alentado a seguir siendo fiel y a no buscar grandes cosas para sí mismo, sino a confiar en la promesa de Dios.
Capítulo 46
Este capítulo contiene una serie de profecías contra Egipto. Jeremías anuncia que Egipto será derrotado por Babilonia en la batalla de Carquemis. Aunque Egipto intentará resistir, Dios ha decidido que será destruido. Se menciona el terror que enfrentará el faraón, y cómo su ejército será completamente vencido. Sin embargo, Dios da un mensaje de esperanza a Israel: aunque sufre ahora, será restaurado y Dios no lo destruirá por completo.
Capítulo 47
Jeremías profetiza la destrucción de los filisteos. El juicio vendrá del norte, y la nación filistea será barrida por las fuerzas invasoras, como una inundación. Las ciudades de Gaza y Ascalón serán devastadas, y no habrá escape para los filisteos. Jeremías describe la angustia y el dolor que experimentarán mientras la espada del Señor ejecuta Su juicio. El capítulo termina con una súplica para que la espada se detenga, pero el juicio de Dios es inevitable.
Capítulo 48
Este capítulo es una profecía contra Moab. Jeremías anuncia la caída de Moab debido a su orgullo y su confianza en su fortaleza y en sus ídolos. Las ciudades de Moab serán destruidas, y su pueblo será llevado cautivo. A pesar de la devastación, Dios promete que restaurará a Moab en los últimos días. Jeremías expresa su dolor por la destrucción de Moab, lamentando la caída de una nación que había sido próspera, pero que ahora enfrentará el juicio de Dios.
Capítulo 49
Jeremías pronuncia juicios contra varias naciones vecinas de Israel. Amón será castigado por su arrogancia y por haber tomado el territorio de Gad. Edom será destruido debido a su orgullo y maldad. Damasco enfrentará un juicio severo, y sus ciudades serán quemadas. También se pronuncian juicios contra Cedar y Hazor, naciones árabes del desierto, y contra Elam, que será devastada por Babilonia. Sin embargo, Dios promete restaurar a Elam en los últimos días.
Capítulo 50
Este capítulo es una extensa profecía contra Babilonia. Dios anuncia que Babilonia, la gran potencia que ha oprimido a Israel y a otras naciones, será destruida. Aunque Dios usó a Babilonia como Su instrumento de juicio, ahora castigará a Babilonia por su arrogancia y crueldad. Jeremías predice que las naciones del norte se unirán para destruirla. Israel y Judá serán liberados de su cautiverio, y Dios los restaurará a su tierra. El juicio sobre Babilonia será completo, y nunca más será habitada.
Capítulo 51
El juicio sobre Babilonia continúa en este capítulo. Jeremías describe la caída inminente de la ciudad, que será destruida por las naciones que Dios ha levantado contra ella. Se menciona la grandeza pasada de Babilonia, pero también su arrogancia y su idolatría, que han llevado a su ruina. Dios llama a Su pueblo a huir de Babilonia antes de que llegue la destrucción. La caída de Babilonia será tan completa que no quedará rastro de su antigua gloria. El capítulo termina con una orden a Seraías para que lea esta profecía en Babilonia y luego arroje el rollo al Éufrates como un símbolo de la destrucción que se avecina.
Capítulo 52
El último capítulo del libro de Jeremías es un relato histórico que describe la caída de Jerusalén. Nabucodonosor de Babilonia asedia Jerusalén durante dos años, hasta que finalmente rompe las murallas y toma la ciudad. El rey Sedequías intenta huir, pero es capturado, sus hijos son ejecutados ante él, y luego le sacan los ojos antes de llevarlo cautivo a Babilonia. El templo, el palacio y las casas de Jerusalén son quemadas, y muchos de los habitantes son llevados al exilio. Sin embargo, el capítulo termina con una nota de esperanza: Joaquín, el rey de Judá que había sido llevado al exilio, es liberado por el nuevo rey de Babilonia y tratado con bondad.