El Libro de Ezequiel contiene las profecías del profeta Ezequiel, quien fue llamado por Dios para proclamar mensajes de juicio y esperanza al pueblo de Israel mientras estaba en el exilio en Babilonia. Ezequiel, contemporáneo de Jeremías, se distingue por las vívidas visiones que recibió de parte de Dios, así como por sus acciones simbólicas. El libro comienza con juicios severos sobre Jerusalén, seguido de mensajes de restauración y promesas futuras de redención. A continuación, un resumen capítulo a capítulo.
Capítulo 1
Ezequiel comienza con una visión impresionante de la gloria de Dios. Ezequiel ve cuatro seres vivientes con aspecto humano, pero con características sobrenaturales, como alas y múltiples caras. Junto a ellos están ruedas gigantes que brillan como el oro. Sobre los seres vivientes, Ezequiel ve un trono y una figura humana radiante en él. Esta visión representa la gloria de Dios en movimiento, simbolizando Su poder soberano. Ezequiel cae postrado ante la majestuosa presencia de Dios.
Capítulo 2
Dios llama a Ezequiel como profeta para enviarle al pueblo rebelde de Israel. Se le instruye a no temer a las personas, aunque sean obstinadas y no escuchen el mensaje. Dios le da a Ezequiel un rollo que contiene lamentaciones y juicios, y le ordena que lo coma, simbolizando que Ezequiel debe interiorizar y proclamar las palabras de Dios. Aunque enfrentará rechazo, Ezequiel debe cumplir su misión con valentía.
Capítulo 3
Ezequiel come el rollo, que en su boca es dulce como la miel. Luego, Dios lo comisiona como un atalaya (vigía), para advertir al pueblo de los juicios venideros. Si Ezequiel no advierte al pueblo, su sangre será sobre él; pero si los advierte y no escuchan, será responsabilidad de ellos. Ezequiel es llevado a Tel-abib, donde vive con los exiliados durante siete días en silencio, sintiendo el peso de su tarea profética.
Capítulo 4
Dios le ordena a Ezequiel que realice una serie de acciones simbólicas para ilustrar el juicio venidero sobre Jerusalén. Le pide que haga un modelo de la ciudad de Jerusalén y la sitie como una advertencia del cerco babilónico. Luego, Ezequiel debe acostarse sobre su lado izquierdo durante 390 días (simbolizando los años de pecado de Israel) y luego sobre su lado derecho durante 40 días (simbolizando los años de pecado de Judá). También debe comer raciones limitadas de comida cocida en estiércol como símbolo del hambre que el pueblo enfrentará durante el asedio.
Capítulo 5
Dios le ordena a Ezequiel que se afeite la cabeza y la barba, y que divida el pelo en tres partes. Cada parte representa el destino del pueblo de Jerusalén: algunos serán destruidos por la espada, otros por el hambre y otros serán dispersados. Dios juzgará a Jerusalén por sus abominaciones e idolatría. El castigo será severo y ejemplar, para que las naciones vean que Dios es santo y no tolera el pecado de Su pueblo.
Capítulo 6
Dios le dice a Ezequiel que profetice contra los montes de Israel, donde se han construido altares idólatras. Las ciudades y los lugares altos serán destruidos, y los ídolos serán quebrantados. Los cadáveres de los que adoraban ídolos serán esparcidos delante de sus dioses falsos. Sin embargo, Dios promete que un remanente se arrepentirá en el exilio y reconocerá que Él es el Señor.
Capítulo 7
Ezequiel proclama el «fin» sobre la tierra de Israel. El juicio es inminente, y el día del castigo ha llegado. La violencia, el hambre y la desesperación se extenderán por toda la tierra. Los bienes materiales no podrán salvar al pueblo, y los ricos no podrán comprar su salvación. Dios enviará Su furia sobre ellos sin piedad porque han rechazado Sus caminos. El capítulo culmina con la advertencia de que el pueblo entenderá que todo esto es obra de Dios.
Capítulo 8
Ezequiel tiene una visión en la que es transportado al templo de Jerusalén. Allí, Dios le muestra las abominaciones que están sucediendo en Su santuario. Ezequiel ve a los ancianos de Israel adorando ídolos en secreto, mujeres llorando por el dios Tamuz y otros adorando al sol. Dios está profundamente ofendido por estas idolatrías, y es claro que Su juicio sobre Jerusalén está justificado. La visión demuestra cuán corrompida se ha vuelto la nación, incluso en los lugares más sagrados.
Capítulo 9
Dios llama a seis hombres con armas para que entren en Jerusalén y ejecuten el juicio. Sin embargo, uno de ellos lleva un tintero, y su tarea es marcar a las personas que se lamentan por las abominaciones cometidas en la ciudad. Aquellos que no estén marcados serán destruidos, sin importar su estatus o edad. La visión muestra la severidad del juicio de Dios, pero también la misericordia hacia aquellos que permanecen fieles y aborrecen el mal.
Capítulo 10
Ezequiel ve la gloria de Dios abandonando el templo. Los seres vivientes y las ruedas de la visión de capítulo 1 aparecen de nuevo, esta vez acompañando a la gloria de Dios mientras se eleva sobre el umbral del templo. Este evento simboliza que Dios está retirando Su presencia de Jerusalén debido a su idolatría. Aunque el templo era el lugar donde residía Su gloria, debido a la corrupción del pueblo, Dios se aparta de ellos, dejando la ciudad expuesta al juicio.
Capítulo 11
Ezequiel ve a 25 líderes de Jerusalén que están dando malos consejos al pueblo, sugiriendo que la ciudad está segura. Dios le dice que profetice contra estos líderes corruptos, anunciando que serán castigados por su maldad. Uno de ellos muere inmediatamente como señal del juicio de Dios. Sin embargo, también hay una promesa de restauración futura: Dios reunirá a los exiliados, les dará un nuevo corazón y un nuevo espíritu, y caminarán en Sus estatutos. Al final del capítulo, la gloria de Dios se eleva y abandona Jerusalén.
Capítulo 12
Dios le dice a Ezequiel que actúe como si estuviera preparándose para el exilio, empaquetando sus pertenencias y escapando de noche. Este acto simboliza la inminente deportación de los habitantes de Jerusalén. Ezequiel también predice que Sedequías, el rey de Judá, intentará huir de Jerusalén, pero será capturado. Aunque el pueblo sigue creyendo que el juicio tardará, Dios afirma que el cumplimiento de Sus palabras llegará pronto y que no habrá más demora.
Capítulo 13
Ezequiel profetiza contra los falsos profetas que han estado engañando al pueblo de Israel con visiones de paz cuando no hay paz. Estos profetas son comparados con aquellos que cubren paredes con cal, lo que parece dar estabilidad pero en realidad es una fachada frágil. Los falsos profetas serán expuestos y enfrentarán el juicio de Dios. Ezequiel también condena a las mujeres profetas que practican hechicería y engañan al pueblo con falsas promesas de seguridad.
Capítulo 14
Dios habla sobre los ancianos de Israel que han venido a consultar a Ezequiel, aunque en sus corazones han puesto ídolos. Dios declara que no escuchará a aquellos que buscan respuestas mientras continúan adorando ídolos. Se emite un llamado al arrepentimiento, y Dios asegura que aquellos que persisten en su idolatría serán destruidos. El capítulo también habla del juicio inevitable sobre Jerusalén, y menciona que incluso si Noé, Daniel y Job estuvieran allí, solo ellos serían salvados, pero no podrían interceder por la ciudad.
Capítulo 15
Ezequiel compara a Jerusalén con una vid que no produce fruto. Mientras que una vid se cultiva para dar uvas, una vid infructuosa no tiene valor, ni siquiera para leña. Así es Jerusalén: al no cumplir con su propósito de ser fiel a Dios, será desechada y destruida. La ciudad, que fue creada para llevar fruto de justicia, ahora enfrentará el fuego del juicio divino.
Capítulo 16
Dios describe la historia de Jerusalén mediante una parábola sobre una niña huérfana que Dios encontró, cuidó y embelleció, convirtiéndola en una mujer hermosa. Sin embargo, la mujer, en lugar de ser fiel, se prostituyó con otros dioses e incluso sacrificó a sus hijos a estos ídolos. Dios compara los pecados de Jerusalén con los de Sodoma y Samaria, afirmando que Jerusalén es aún más corrupta. A pesar de su traición, Dios promete que hará un pacto eterno de restauración con ellos.
Capítulo 17
Dios usa una parábola sobre dos águilas y una vid para describir el destino de Jerusalén. La primera águila representa a Nabucodonosor, quien se lleva a los nobles de Jerusalén (como el rey Joaquín) al exilio en Babilonia. La segunda águila representa a Egipto, con quien Judá busca una alianza. Ezequiel predice que esta alianza fracasará y que la vid (Jerusalén) será destruida. Sin embargo, al final, Dios promete plantar un retoño que crecerá y será una gran bendición, señal de la futura restauración del reino bajo el Mesías.
Capítulo 18
Dios aclara que cada persona será juzgada por sus propios pecados, y no por los de sus antepasados. Ezequiel reprende al pueblo por usar el dicho: «Los padres comieron uvas agrias, y los dientes de los hijos tienen la dentera», afirmando que Dios juzgará a cada uno según su propio comportamiento. Si una persona justa se aparta de su justicia y peca, será castigada. Pero si una persona malvada se arrepiente y vuelve a Dios, será perdonada. Dios no desea la muerte de los pecadores, sino que se arrepientan y vivan.
Capítulo 19
Este capítulo es una lamentación por los príncipes de Israel. Ezequiel utiliza dos metáforas: la primera es sobre leones que representan a los reyes de Judá. Uno de los leones es capturado y llevado a Egipto (referencia al rey Joacaz) y otro es capturado y llevado a Babilonia (referencia al rey Joaquín). La segunda metáfora es sobre una vid que representaba a Israel, que fue arrancada de su lugar y plantada en el desierto, simbolizando la destrucción de Jerusalén y la deportación de sus habitantes. El lamento concluye destacando el dolor por la caída de los líderes y la ruina de Israel.
Capítulo 20
Dios rechaza las consultas de los ancianos de Israel debido a su idolatría persistente. Ezequiel repasa la historia del pueblo desde su liberación de Egipto, señalando cómo a lo largo de los años Israel ha desobedecido repetidamente los mandamientos de Dios y ha seguido adorando ídolos. A pesar de su rebelión, Dios ha mostrado misericordia, pero advierte que el juicio es inevitable si no se arrepienten. Sin embargo, al final, Dios promete que, después del juicio, restaurará a Israel y los purificará de su idolatría.
Capítulo 21
Dios anuncia a través de Ezequiel que la espada del juicio está a punto de caer sobre Jerusalén. La espada de Babilonia está afilada y lista para destruir a los malvados y justos por igual. Ezequiel profetiza la derrota de Judá a manos de Nabucodonosor, quien destruirá la ciudad. Incluso los líderes serán destruidos, y el trono de David será derribado temporalmente. El capítulo concluye con una promesa de que el trono será restaurado solo cuando venga el Mesías, «aquel cuyo derecho es» de gobernar.
Capítulo 22
Dios expone los pecados de Jerusalén: idolatría, derramamiento de sangre, corrupción de los sacerdotes y profetas, opresión de los pobres y violación de los mandamientos. La ciudad ha alcanzado tal nivel de corrupción que Dios decide purificarla como un metal en el fuego. Los líderes de Israel son condenados por no haber guiado al pueblo en justicia. Dios busca a alguien que interceda por la ciudad, pero no encuentra a nadie, lo que garantiza que el juicio vendrá.
Capítulo 23
Ezequiel narra una parábola sobre dos hermanas, Oholá y Oholibá, que representan a Samaria (Israel) y Jerusalén (Judá). Ambas hermanas cometen adulterio al adorar ídolos y hacer alianzas con naciones extranjeras. Dios describe con detalle las abominaciones de cada una y cómo fueron llevadas a la ruina debido a su traición. Samaria ya ha sido destruida, y Judá sigue su mismo camino. Dios promete que los amantes extranjeros a los que Judá ha confiado la destruirán, y ella sufrirá el castigo por su idolatría.
Capítulo 24
Dios le da a Ezequiel otra parábola sobre una olla hirviendo, simbolizando a Jerusalén. La olla está llena de carne, y el agua se está evaporando, lo que representa la corrupción de la ciudad y el juicio inminente. Luego, Dios le dice a Ezequiel que su esposa morirá, pero que no debe lamentarla públicamente como una señal para el pueblo. Esto simboliza que cuando Jerusalén sea destruida, el dolor será tan grande que ni siquiera habrá tiempo para el luto. El pueblo sabrá que este juicio es obra del Señor.
Capítulo 25
Ezequiel profetiza juicios contra las naciones vecinas de Israel que se alegraron por la destrucción de Jerusalén. Los amonitas, moabitas, edomitas y filisteos serán castigados por su maldad y por regocijarse en la caída de Israel. Dios promete enviar destrucción sobre estas naciones, y sus tierras serán desoladas. Este capítulo muestra que, aunque Dios castiga a Su pueblo, también juzga a las naciones paganas que han actuado con maldad.
Capítulo 26
Ezequiel profetiza la destrucción de Tiro, una ciudad costera poderosa y rica. Tiro había prosperado mientras Jerusalén caía, y se regocijó por la ruina de la ciudad santa. Dios promete que Tiro será destruida por completo, comenzando con la invasión de Nabucodonosor. La ciudad, que confiaba en su comercio marítimo y en sus fortificaciones, será arrasada y nunca más se levantará como antes. El capítulo concluye con un lamento por la caída de esta gran ciudad.
Capítulo 27
Este capítulo es un lamento poético sobre la caída de Tiro. Se describe la ciudad como una gran nave cargada con riquezas de todo el mundo, un símbolo de su poderío comercial. Sin embargo, esta gran nave se hundirá en el mar debido al juicio de Dios. Los aliados y comerciantes de Tiro también llorarán su caída, pero no podrán salvarla. La destrucción de Tiro será completa, y su antigua gloria desaparecerá para siempre.
Capítulo 28
Ezequiel pronuncia juicio contra el príncipe de Tiro, quien se ha enaltecido a sí mismo como si fuera un dios debido a su riqueza y sabiduría. Dios lo humillará y lo destruirá. Luego, el profeta habla del rey de Tiro en términos que muchos interpretan como una referencia al pecado de Satanás, describiendo cómo este ser fue creado perfecto pero cayó por su orgullo. Al final del capítulo, se pronuncia juicio sobre Sidón, otra ciudad vecina, y se promete que Israel será restaurado cuando Dios juzgue a sus enemigos.
Capítulo 29
Ezequiel comienza una serie de profecías contra Egipto. Dios compara al faraón con un monstruo en el Nilo, quien será sacado del río y destruido. Egipto, que ha sido una caña rota en la que Israel confió para obtener ayuda, será devastado por Nabucodonosor, y su pueblo será llevado al exilio. Sin embargo, después de 40 años, Dios permitirá que Egipto sea restaurado parcialmente, pero nunca volverá a ser una gran potencia.
Capítulo 30
El juicio sobre Egipto continúa. Dios advierte que la espada vendrá sobre Egipto y que sus aliados, incluidos Etiopía, Libia y Lud, también serán destruidos. El faraón será humillado, y la tierra será desolada. Las ciudades y riquezas de Egipto serán saqueadas, y su poder será quebrantado para siempre. La devastación de Egipto servirá como advertencia a todas las naciones del poder de Dios.
Capítulo 31
Dios compara a Egipto con un gran cedro en el Líbano, alto y majestuoso. Sin embargo, como Asiria, que también fue comparada con un árbol poderoso, será derribado debido a su orgullo. El cedro es cortado y cae al suelo, lo que representa la caída de Egipto. Los grandes imperios que se exaltan a sí mismos eventualmente serán humillados por Dios, y Egipto no será la excepción.
Capítulo 32
Ezequiel pronuncia un lamento por el faraón y Egipto. Se compara al faraón con un león que ha sido atrapado en una red. Dios enviará Su espada contra Egipto, y la tierra quedará oscura. El profeta describe cómo Egipto descenderá al Seol, el lugar de los muertos, junto con otras naciones que han sido destruidas por su arrogancia. Egipto será humillado como otras naciones que han caído antes que ellos.
Capítulo 33
Ezequiel es reafirmado como atalaya de Israel. Si el atalaya advierte al pueblo y no escucha, la culpa recae sobre el pueblo; pero si el atalaya no advierte, la culpa es suya. Ezequiel nuevamente llama al arrepentimiento, diciendo que Dios no se deleita en la muerte del impío, sino que desea que todos se arrepientan y vivan. En este capítulo, un mensajero llega a Ezequiel y le informa que Jerusalén ha caído. Ezequiel había profetizado esto, y ahora que ha sucedido, su mensaje se confirma.
Capítulo 34
Dios condena a los pastores de Israel (líderes) que han descuidado y oprimido al pueblo. En lugar de cuidar del rebaño, se han aprovechado de él. Dios promete que Él mismo será el Pastor de Su pueblo y los cuidará. Además, promete levantar un Pastor justo del linaje de David (una referencia al Mesías) que guiará al pueblo con justicia. Dios promete restauración y protección para Su rebaño.
Capítulo 35
Ezequiel profetiza contra el monte Seir, que representa a Edom, un enemigo histórico de Israel. Dios castigará a Edom por su odio y violencia contra los hijos de Israel durante su calamidad. Edom será desolado por completo y nunca se recuperará. Este juicio es una advertencia a todas las naciones que se alegraron por la destrucción de Israel.
Capítulo 36
Dios promete restaurar la tierra de Israel. Aunque ha estado desolada y sus enemigos se han burlado de ella, Dios la renovará. El pueblo de Israel regresará a su tierra, y Dios les dará un nuevo corazón y pondrá Su Espíritu dentro de ellos. Este capítulo contiene una de las profecías más importantes sobre la restauración espiritual de Israel, donde Dios promete limpiar a Su pueblo de su impureza y restaurar la relación con ellos.
Capítulo 37
Ezequiel tiene una visión del valle de los huesos secos, en la que ve un campo de huesos esparcidos. Dios le dice a Ezequiel que profetice sobre los huesos, y al hacerlo, los huesos se juntan, reciben carne y piel, y finalmente el aliento de vida. Esta visión simboliza la resurrección y restauración de Israel, tanto física como espiritualmente. Dios promete reunir a las tribus dispersas de Israel y unificarlas bajo un solo rey, «mi siervo David» (una referencia al Mesías).
Capítulo 38
Ezequiel profetiza sobre una coalición de naciones liderada por «Gog de la tierra de Magog», quien reunirá a muchas naciones para atacar a Israel. Dios permitirá que estas naciones invadan la tierra de Israel, pero finalmente intervendrá con poder. Los enemigos serán destruidos por medio de un gran terremoto, fuego, granizo, y el caos que el mismo Dios traerá. El propósito de este ataque es para que las naciones vean la gloria de Dios y que Él es soberano sobre todos los pueblos.
Capítulo 39
El juicio contra Gog continúa en este capítulo. Dios destruirá completamente a Gog y a sus aliados, y los cadáveres de los ejércitos enemigos cubrirán la tierra. La casa de Israel será testigo de esta victoria, y el pueblo sabrá que Dios los ha librado. Después de esta batalla, se necesitarán siete meses para enterrar a los muertos, y siete años para quemar las armas de los enemigos. Al final, Dios restaurará a Su pueblo por completo y nunca más permitirá que sean humillados por sus enemigos.
Capítulo 40
Ezequiel comienza una visión de un futuro templo en Jerusalén. Un hombre con una vara de medir (probablemente un ángel) guía a Ezequiel por el templo y le muestra sus dimensiones exactas. El diseño del templo es cuidadosamente detallado, con mediciones precisas de los atrios, las puertas y las cámaras. Esta visión simboliza la futura restauración del culto adecuado a Dios y la santidad que caracterizará el nuevo Israel.
Capítulo 41
Ezequiel continúa describiendo el interior del templo. El lugar santísimo es medido, así como las paredes, las puertas y las habitaciones adyacentes. La gloria y la santidad del templo son evidentes en los detalles que se ofrecen, reflejando que será un lugar donde la presencia de Dios habitará. El diseño es majestuoso, con figuras de querubines y palmeras esculpidas en las paredes, simbolizando la belleza y la pureza de este lugar sagrado.
Capítulo 42
El hombre que guía a Ezequiel mide las cámaras exteriores del templo. Estas cámaras servirán como lugar para los sacerdotes, quienes utilizarán estos espacios para comer las ofrendas y realizar sus funciones. Además, se proveen espacios para almacenar objetos sagrados. El propósito de estas cámaras es garantizar que los sacerdotes mantengan la pureza mientras sirven a Dios en el templo. Al final del capítulo, se describe cómo el complejo del templo está rodeado por un muro que lo separa del resto de la tierra, simbolizando la separación entre lo sagrado y lo profano.
Capítulo 43
Ezequiel tiene una visión en la que la gloria de Dios regresa al templo. La gloria de Dios entra por la puerta oriental, y el profeta cae sobre su rostro en adoración. Dios le dice a Ezequiel que este será el lugar de Su trono y donde morará entre los hijos de Israel para siempre. Dios también instruye a Ezequiel sobre cómo debe ser purificado el altar mediante sacrificios, y que después de la consagración, el pueblo de Israel podrá ofrecer sus holocaustos en el templo. La presencia de Dios será permanente entre Su pueblo, si ellos permanecen fieles.
Capítulo 44
Dios establece las reglas para los sacerdotes que ministrarán en el templo. Solo los descendientes de Sadoc, quienes fueron fieles a Dios, podrán servir como sacerdotes. Estos sacerdotes deben ser moralmente puros, y hay regulaciones estrictas sobre su vestimenta, matrimonio y conducta. El capítulo también establece que la puerta oriental del templo estará cerrada, porque la gloria del Señor ha entrado por ella. Dios da instrucciones detalladas sobre el comportamiento que debe caracterizar a los sacerdotes en este nuevo templo.
Capítulo 45
Este capítulo describe la distribución de la tierra alrededor del templo. Se designan secciones específicas para el Señor, el templo, los sacerdotes, los levitas y el príncipe. El príncipe de Israel recibirá una porción especial de la tierra, pero no deberá oprimir al pueblo ni tomar sus propiedades. Además, se establecen normas para las ofrendas que deben presentarse en el templo, incluidos los sacrificios y ofrendas para expiar los pecados del pueblo.
Capítulo 46
Dios establece las regulaciones para el culto en el nuevo templo. Se mencionan las ofrendas que deben presentarse en días festivos y sábados, así como la manera en que el príncipe debe participar en el culto. Se le prohíbe al príncipe tomar tierras de los ciudadanos, y debe heredar solo de su propia porción. Las puertas del templo estarán abiertas durante los días de adoración, y el pueblo deberá entrar y salir en un orden adecuado. Además, se detallan las instrucciones sobre cómo ofrecer sacrificios y cómo deben ser preparados.
Capítulo 47
Ezequiel ve un río que fluye desde el umbral del templo hacia el este. A medida que el río fluye, crece en profundidad y en tamaño, hasta convertirse en un río caudaloso. Este río trae vida y fertilidad a todo lo que toca: las aguas muertas del Mar Muerto se transforman en aguas vivas llenas de peces, y los árboles a lo largo del río producen fruto constantemente. Este río simboliza la vida y la restauración que fluyen desde la presencia de Dios. El capítulo concluye con una descripción de los límites de la tierra que será repartida entre las tribus de Israel.
Capítulo 48
El último capítulo del libro de Ezequiel describe la división final de la tierra entre las doce tribus de Israel. Cada tribu recibe una porción de tierra, y el territorio es redistribuido de manera justa. El templo y la ciudad santa estarán en el centro, y las ofrendas sagradas, junto con las tierras del príncipe, también se describen en detalle. El capítulo concluye con una visión gloriosa de la ciudad restaurada, la cual será llamada «Jehová Shamma», que significa «El Señor está allí», reflejando que la presencia de Dios estará permanentemente con Su pueblo.